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V · Actualidad · c. 2020

Javier Tamayo, físico

La capacidad de enseñar

Imagen 1 de «Javier Tamayo, físico»

Premio Física, Innovación y Tecnología que le fue concedido por la Real Sociedad Española de Física (RSEF) y la Fundación BBVA. Hace unos años su equipo inventó un microchip capaz de detectar el sida a la semana de contagio. Ahora había desarrollado unos dispositivos ultrasensibles para la localización de huellas de tumores cancerígenos en estadios tempranos.

Pueden marcar un porvenir porque los malos profesores suelen dejar una herida difícil de curar. No obstante, el protagonista de la Historia dedica el premio a aquel buen profesor que se fijó en él y le alentó. No se olvida a un buen profesor.

El genio español de la Física: "Mi profesor decía que tenía el peor cociente intelectual de clase"

Cuando era niño, el científico español Javier Tamayo suspendía seis en segundo de ESO. Su profesor le hizo levantarse en el aula con 12 años junto a otro chico: «Ustedes dos son los alumnos con el cociente intelectual más bajo de la clase. Es mejor que dejen los estudios de una vez y se dediquen a trabajar».

El prestigioso premio de Física que acaba de ganar el segundo no tiene nada que ver con el Nobel de Medicina que ganó el primero en 2012.

Imagen 2 de «Javier Tamayo, físico»

Javier no es John. Tamayo no es Gurdon. Madrid no es el pueblo de Eton (Inglaterra). La Complutense no es Cambridge. Hablamos de generaciones distintas, sí.

Sucedió el pasado 12 de diciembre en Madrid. El mejor físico español recogía el galardón más importante de su disciplina: el Premio Física, Innovación y Tecnología concedido por la Real Sociedad Española de Física (RSEF) y la Fundación BBVA. Su equipo creó hace años un microchip capaz de detectar el sida a la semana de contagio. Ahora había desarrollado unos dispositivos ultrasensibles para rastrear huellas de tumores en estadios tempranos. Le tocaba hablar. Estaba su familia delante. Su discurso transcurría con normalidad hasta que, a la hora de los agradecimientos, abrió un melón que jamás había tocado.

El segundo Javier ha salido siempre boca arriba. Que si sus investigaciones contra las enfermedades. Que si sus publicaciones en Nature nanotechnology. Que si su trabajo junto a Priscila Kosaka. Que si sus estudios sobre las propiedades mecánicas de los virus. Ahora por sus avances en la detección tempranísima del cáncer. Mejor nos lo cuenta él.

«¿Cómo lo explicaría? En la sangre hay un montón de cosas: glóbulos blancos, rojos, proteínas... Todo está en concentraciones normales hasta que la persona enferma. Los biomarcadores actuales se manifiestan cuando la enfermedad está bastante desarrollada. Lo que hemos logrado es una tecnología que tiene una sensibilidad brutal con la que puedes encontrar una aguja en un pajar. Estos dispositivos serían capaces de detectar las proteínas que libera el tumor en su estadio más temprano y contribuir a un diagnóstico muy precoz».

  • ¿Alguna vez pensaste que llegarías a esto?
  • Cuando has sido un perdedor toda tu vida, estás más acostumbrado al fracaso que a otra cosa. De hecho, a veces, me sienta mal el éxito.
  • Mi historia escolar es una historia de fracaso. De escuchar que no vales para nada... Yo, hasta hace muy poco, no he logrado disfrutar de la ciencia. Cuando no tienes autoestima, siempre te pones en duda. Si algo sale mal, te dices que tú lo has hecho mal. Es un tormento. Al final, los que te han puteado son voces en tu cabeza. El trauma infantil no se pasa en tu vida. Vives con escenas como aquella.

Yo no he disfrutado de la ciencia hasta hace muy poco. Cuando no tienes autoestima, siempre te pones en duda

Estamos en el Instituto de Micro y Nanotecnología del CSIC.

No sabemos lo que llevará hoy en la mochila, pero el jefe del equipo de investigación de Bionanomecánica tiene el despacho como si le hubiese dado la vuelta a una bien grande y la hubiera desperdigado por ahí. Papeles con secuencias de datos. Dos pares de zapatillas deportivas sobre la mesa. Un recipiente con almendras peladas al lado. Una pizarra ininteligible con anotaciones en rotulador. Una pantalla encendida donde investiga el «temblor de las células tumorales». Música punk en su lista de Spotify. La imagen de Epi y Blas en la pared. Y Spiderman en el armario, enredándolo todo.

Yo apenas estudiaba su asignatura. Hacía los exámenes como el que hace un pasatiempo. Me entretenía. Un día me dijo algo que me repitió más veces. Algo que lo cambió todo: Esto se te da muy bien, chaval. Si hicieras Física, tendrías la vida resuelta.

Y así llegamos a Javier dos.

El COU fue exitoso. La carrera fue en la Complutense. La meningitis fue cuando hacía la tesis sobre el microscopio de fuerzas atómicas. La especialización fue en Bristol. La paternidad fue hace ocho y 12 años. Aquella frase del profesor Julián también va en la mochila.

Las ideas locas son muy necesarias, repite Javier. Por eso hace muchas cosas por probar.