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TAMAYO
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II · Lugares · Tamayo (Burgos)

Ruta etnográfica

15 paradas por Tamayo y sus alrededores, señalizadas sobre el terreno.

A través de la plataforma y web de WIKILOC puedes seguir el recorrido etnográfico creado en los alrededores de TAMAYO

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1 Tamayo

La primera mención a Tamayo en la documentación data del año 993 (fecha en revisión). Tamayo fue un enclave medieval situado dentro del territorio de Oña, pero con personalidad jurídica propia y con pequeños propietarios libres, aunque el monasterio oniense también era divisero.

Por este motivo, el monasterio de Oña ejerció una fuerte presión a lo largo de los siglos para atraer a Tamayo, que tenía régimen de behetría, al señorío de abadengo, con constantes disputas legales. Las fértiles tierras de la Nava, entre Oña y Tamayo, fueron objeto de numerosos litigios, aunque los vecinos de ambas villas compartían las propiedades en esa zona limítrofe. Mientras la actividad económica de Oña giraba en torno al monasterio, Tamayo contaba, por ejemplo, a mediados del siglo XVIII con 13 arrieros profesionales, que tenían a su disposición 58 caballerías. Los arrieros de Tamayo iban hasta los puertos del Cantábrico, llevaban vino y cereales y traían pescado en salazón a la meseta.

Imagen 1 de «Tamayo»

2 Las torres de Tamayo

La única torre de Tamayo de la que quedan restos está construida en los siglos XIV-XV. El mayorazgo lo fundó María Alonso Delgadillo, señora de las torres de Tamayo, que pasaría después a sus descendientes, los García de Salazar.

La torre actual de Tamayo tiene una base aproximada de 40 x 21 metros, con muros de alrededor un metro de espesor y una esquina redondeada, aunque sin conservar cubos. Quedan todavía algunas saeteras y una ventana apuntada. Su construcción y diversas ampliaciones fueron objeto de disputas legales, en 1427, entre María Alonso Delgadillo y su hijo con el abad de Oña, que reclamaba su señorío. La Chancillería dio la razón a la señora de Tamayo, pero le prohibió seguir aumentando la edificación fortificada.

Imagen 1 de «Las torres de Tamayo»

3 Ermita de las Nieves

Esta ermita acogía a la imagen de la Virgen de las Nieves, cuya festividad es el 5 de agosto. Aunque el patrono de Tamayo es San Miguel, la romería de las Nieves fue la fiesta más popular hasta nuestros días.

En la actualidad solo queda un rectángulo de unos 30 metros cuadrados, con muros de un metro de altura, con pinos creciendo en su interior. Se aprecia todavía marcada la calle por donde subía la procesión. Nunca tuvo valor arquitectónico. El edificio, por su situación en la ladera del monte, está muy expuesto a las inclemencias del tiempo y necesitó de numerosos arreglos y retejados a través de los siglos. Tenía campana, que fue fundida en 1876 y pagada con limosnas. El último manto para la Virgen de las Nieves se confeccionó en 1950.

Imagen 1 de «Ermita de las Nieves»

4 Roble de la Riba

Se trata en realidad de un quejigo (Quercus faginea) centenario y de porte trasmocho. Es el mayor árbol de Oña, con un tronco de más de un metro de diámetro.

Este roble está desmochado y ha sido objeto de aprovechamiento agrícola y ganadero. Se recortaban sus ramas pequeñas para obtener alimento para las cabras y leña para la lumbre. Las hojas verdes y las bellotas se utilizaban para alimentar a los cerdos. Con las hojas secas se hacían camas para los animales. Para desmochar un árbol, la ley castellana obligaba a dejar siempre ‘horca y pendón’, es decir, dejar en el tronco dos ramas principales al menos.

Imagen 1 de «Roble de la Riba»

5 Casa del Rebollar

Es la edificación que queda de un modelo de explotación agraria que existió en la zona, en la que el dueño o el encargado residían en la propia hacienda, alejados del núcleo principal de población.

En Oña existen todavía ruinas de este tipo de casas en otras fincas agrícolas. Cerca de la Casa del Rebollar, al oeste, tenemos la Casa del Tuno (antigua Huerta de Huidobro). La llamada granja de Valdenubla, aunque era un coto redondo del monasterio de Oña, también tenía esta filosofía de explotación agrícola. En esta finca del Rebollar se sembró durante mucho tiempo remolacha y venían las peonadas desde Oña (mujeres y niños) en la época de excavar.

Imagen 1 de «Casa del Rebollar»

6 Calero del Rebollar

Está construido en una ladera para facilitar la extracción de la cal por la parte baja, donde había una portezuela. La cal se obtenía sometiendo a la piedra caliza a altas temperaturas con la quema de leña de encina. La cal se utilizaba, principalmente, para fabricar mortero.

Este calero está ligado, seguramente, a una de las actividades de la Casa del Rebollar para completar sus recursos económicos. La cal, además de para la construcción, se utilizaba para blanquear y desinfectar. Para prevenir enfermedades, se aplicaba también en los troncos de los árboles y en las patas del ganado. El calero del Rebollar es el mejor conservado de los cinco identificados en Oña: en Valdoso, el Ortigal, Barbadillo y Valmoral

Imagen 1 de «Calero del Rebollar»

Imagen 2 de «Calero del Rebollar»

7 Castaño de San Vitores

Único y esbelto ejemplar de castaño común (Castanea sativa ) que existe en Oña, en las proximidades del nacimiento del arroyo de San Vitores. En primavera, sus candelas blancas originan un bello contraste con el verde perpetuo de los pinares.

Existe también un pequeño rodal de castaños comunes en la finca privada de Sante. El castaño es un árbol con mucho aprovechamiento en las zonas rurales. Al margen de su fruto, las ramas servían para confeccionar cestos, las inflorescencias para que las abejas fabricaran miel y sus amplias hojas para hacer camas para los animales.

Imagen 1 de «Castaño de San Vitores»

8 Peña Cujón

Esta peña se llama también Cucón ‘brote, yema’ y es una especie de hito que separa las jurisdicciones de Oña y Bentretea. Su peculiar moño hace que relacionemos su nombre con un ave que anida en los sembrados de esta zona de Borricla, la cogujada.

En el siglo XVIII, en el Catastro de la Ensenada, aparece también con el nombre de Peña Coujón y, además, en algunos pueblos limítrofes se la denomina actualmente Peña Cojón. La etimología que proponemos, cogujada, viene del latín *CUCULLIATA ‘provista de capucho o copete’. Un cogujón es también cada una de las puntas de un colchón o de un serón

Imagen 1 de «Peña Cujón»

9 Peguera de Borricla

Los restos de la resinación de los pinos (el sarro, el barrasco y las teas) se quemaban en un horno con cúpula, aislada con cepellones, para obtener la pez. La sustancia líquida caía al segundo pozo, donde se purificaba a llama viva. Después se introducía en unos recipientes, se enfriaba y se vendía en bloques. Se utilizaba para impermeabilizar pellejos de vino y calafatear barcos.

A las pegueras se les lama en Oña peceras. Esta está ubicada en el término de Borricla, que es uno de los lugares citados en la fundación del monasterio de Oña, en 1011, para delimitar su dominio. La pez se empleaba también para labores más cotidianas, como pintar una marca indeleble de propiedad en la lana de las ovejas o incluso para aplicar emplastos en las lesiones que tiene el ganado en las patas.

Imagen 1 de «Peguera de Borricla»

10 Casa de Sorroyo

Ha cumplido la función de vivienda de una finca agrícola, pero sabemos que en el siglo XVIII fue una ‘casa de recreación’ de los monjes benedictinos de Oña. De ahí su potente arquitectura, con arcos de piedra para las puertas interiores incluso.

Esta casa está situada en Sorroyo, un término que se llama así porque está situado debajo del antiguo poblado de Arroyo, que estaba junto al actual arroyo de San Vitores. Es la zona más antigua de Oña, mencionada en la documentación medieval ya en el año 967.

Imagen 1 de «Casa de Sorroyo»

11 Ermita de San Frutos

Aunque no hay restos, se sabe que la ermita de San Frutos estaba en esta zona, que es como todavía se denomina al término. Fue la más antigua e importante de Tamayo. En el año 967, como perteneciente al alfoz de Oña, aparece vinculada al lugar de Arroyo, hoy desaparecido.

Como iglesia de San Fructuoso aparece también en el documento fundacional del monasterio de Oña (1011), perteneciente a un lugar ahora llamado Arroyo de Pinedo (Pineda es un pago contiguo al actual de San Frutos, junto al arroyo ahora llamado de San Vitores). En el siglo XIX todavía contaba con cupo de trigo y uvas.

Imagen 1 de «Ermita de San Frutos»

12 La Canaleja

No es una simple fuente, sino que se trata de una pequeña obra hidráulica de la que tenemos noticia desde la Edad Media, puesto que en el siglo XII ya encontramos el topónimo la Canaleja en Tamayo.

Un documento de 1182 señala que Diego Pérez de Tamayo y su mujer Sancha venden al monasterio de Oña unos solares y heredades en Tamayo: «… y una viña que está cerca del arroyo que discurre de la Canaleja a Vesga». Vesga es el nombre medieval del actual río Oca.

Imagen 1 de «La Canaleja»

13 Ermita de San Sebastián

En este enclave estaba situada la ermita de San Sebastián, de la que se pueden ver todavía los rebajes hechos en la roca para asentar los muros principales. Fue destruida en 1863.

La ermita de San Sebastián, cercana a las torres de Tamayo, fue la menos importante de las tres que tuvo la localidad. Sus piedras se reutilizaron a finales del siglo XIX para rehabilitar la emita de la Virgen de las Nieves, patrona de Tamayo.

Imagen 1 de «Ermita de San Sebastián»

14 Las Eras

El paraje de las Eras de Tamayo conserva todavía de manera clara una distribución escalonada de pequeñas parcelas, bien delimitadas, para la trilla, una labor agrícola que consistía en romper la mies para separar el grano de la paja. Junto a ellas se levantaba el llamado Barrio de las Eras.

Según nos muestra el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752), el casco urbano de Tamayo presentaba una división principal bipartita, con un Barrio Bajero y otro Barrio Encimero separados por la llamada calle de Enmedio. Sin embargo, se reflejan también varias agrupaciones de casas periféricas, muchas de ellas ya desaparecidas: Barrio de las Peñas, Barrio de la Rueda, Barrio de las Torcas, Barrio de las Cuevas, Barrio de Valderrama y nuestro Barrio de las Eras.

Imagen 1 de «Las Eras»

15 Arroyo de San Vitores

El Arroyo de San Vitores, que desemboca directamente en el río Oca, se llama así por estar su manantial cercano a la ermita de San Vitores. Es el curso de agua que vertebra este pequeño valle y que dio nombre, al final de la Alta Edad Media, al poblado de Arroyo, desaparecido en la actualidad.

El nombre de este riachuelo se vincula ahora a San Vitores, patrón de Oña. Sin embargo, en la Edad Media el núcleo poblacional de Arroyo aparece con una denominación vinculada a otras zonas que atraviesa su cauce, como San Frutos o Pineda. En el año 967 leemos en un documento «Arroio de Sancti Fructuosi» y en el 1012 constatamos «Arroyo de Pineto». Del Arroyo de San Vitores es muy valorada una característica: que mantiene durante todo el año, salvo sequías extremas, el mismo caudal.

Imagen 1 de «Arroyo de San Vitores»